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Entre la maldita herencia y una deuda infame: un desafío monumental para Milei

La «Maldita Herencia» refleja décadas de decisiones desacertadas, agravadas por el gobierno saliente. En la transición, voces críticas se elevan contra los ideales democráticos que prevalecieron en el proceso electoral, evidenciando un claro desprecio por la democracia.

Por Jorge Grispo.

Han transcurrido siete días desde la elección que marcó un hito en la historia democrática argentina. Javier Milei, el candidato libertario, logró una victoria contundente, sorprendiendo a propios y extraños al obtener un inesperado 55,69% de los votos a nivel nacional, consagrándose como el presidente más respaldado en la historia democrática del país. Ahora, con la responsabilidad de reconstruir una nación afectada por el desastroso gobierno populista de los «Fernández», nos adentramos en un nuevo capítulo lleno de desafíos y expectativas.

A medida que Javier Milei se prepara para asumir la presidencia de Argentina el 10 de diciembre de 2023, se encuentra ante una carga colosal: la «maldita herencia». Este término, lleno de dramatismo, evoca la obra escrita hace dos décadas por Martin Kanenguiser: «La Maldita Herencia: Una Historia de la Deuda y su Impacto en la Economía Argentina (1976-2003)». El libro de Kanenguiser desentraña las complejidades de la deuda argentina desde 1976 hasta ese año. Mientras tanto, Milei lidera un país asediado por décadas de malas decisiones y un populismo insostenible que ha dejado una marca indeleble en la nación. «Maldita Herencia» refleja décadas de decisiones desacertadas, agravadas por el gobierno saliente. En la transición, voces críticas se elevan contra los ideales democráticos que prevalecieron en el proceso electoral, evidenciando un claro desprecio por la democracia.

Imaginemos este momento político como las páginas de un libro, donde Milei sostiene en sus manos la pluma de la reconstrucción. Sin embargo, como en toda historia, surge un «pero». El mayor desafío no solo radica en revitalizar la economía y corregir los errores del pasado, sino en unificar a una sociedad dividida por la también maldita grieta. La metáfora del libro nos lleva a preguntarnos si Milei será capaz de ser el presidente de todos los argentinos, trascendiendo las diferencias ideológicas. La primera prueba será digerir las medidas que, sin duda, generarán fricciones en diferentes sectores de la población. La habilidad para mantener la gobernabilidad será esencial en este nuevo capítulo.

La transición hacia el gobierno de Javier Milei se ve envuelta en sombras tras la inapropiada y desafiante declaración de Pablo Biró, secretario general del principal sindicato aeronáutico. Su tono amenazante, equiparando posibles cambios en Aerolíneas con “cargar muertos”, resalta la resistencia arraigada en algunos sectores del sindicalismo. Como un niño malcriado que busca constantemente los límites, Biró establece un precedente inquietante, anticipando conflictos para el líder de la Libertad Avanza.

Eduardo Belliboni del Polo Obrero también se suma a esta postura desafiante, anticipando su deseo de que al gobierno de Milei le “vaya mal” y negando cualquier posibilidad de negociación. Es desconcertante que, a pesar de recibir más de 60,000 subsidios del propio Estado, estos líderes de izquierda adopten posturas tan intransigentes. Son personajes nefastos para la sociedad, que parecen ignorar los tiempos de cambio demandados por la mayoría de la población.

Este desafío se amplifica con las declaraciones de Daniel Catalano, Secretario General de ATE Capital, quien declara su estado de movilización anticipada ante cualquier medida del nuevo gobierno. Especulan con la desgracia y buscan generar un estado de discordia social contra un presidente constitucional que aún no ha asumido. Catalano incluso llega al extremo de prometer arrojar 28 toneladas de piedras contra las decisiones del nuevo presidente de todos los argentinos. Luis D´elía tampoco se quedó atrás con declaraciones en el mismo sentido. Estas actitudes desafiantes y despectivas hacia los procesos electorales y las decisiones mayoritarias del electorado argentino representan un obstáculo adicional para el nuevo mandato presidencial. Se suma también, con un tono de profunda preocupación y un dejo de sombría certeza, Omar Plaini,  secretario general de los Canillitas, alzando su voz en una sinfonía de advertencias. 

Todos estos anuncios premonitorios de la conflictividad social no son más que en un eco cargado de dramatismo, donde los profetas de la discordia se expresan en términos que resuenan como un trágico presagio. Como el viento helado que anuncia una tormenta inminente, advierten, con mirada ominosa, sobre las consecuencias de cualquier acción tomada por el nuevo gobierno libertario. Sus palabras no son simples declaraciones; fueron los acordes de una sinfonía disonante, anunciando una conflictividad social que, según los voceros de la discordia, se vislumbraba en el horizonte como una tormenta perfecta. Como narradores de tragedias, esculpen en el aire un cuadro desolador, donde los hilos de la sociedad se tensaban hasta el límite, prediciendo un conflicto que podría desencadenar consecuencias imprevisibles.

La gravedad de las expresiones de los voceros de la tragedia se siente como un trueno que retumba en la conciencia colectiva, recordándonos que el escenario político se ha convertido en un campo de batalla, y las acciones del nuevo gobierno serán el catalizador de una tormenta social que amenaza con desgarrar el tejido mismo de la convivencia. Con un tono de solemnidad, tejen una narrativa apocalíptica, advirtiendo que el futuro se vislumbra envuelto en sombras y desafíos, donde las decisiones políticas podrían desencadenar una batalla épica entre visiones opuestas de la sociedad.

La economía, según Milei, enfrentará meses difíciles, marcados por la tarea inmediata de desmantelar las complicadas Letras de Liquidez (Leliq). La «motosierra» del libertario, una metáfora potente, tiene la responsabilidad de cortar con el gasto público sin sentido, esa carga que la sociedad sostiene para el beneficio de unos pocos. Es en este contexto que el libro de Kanenguiser adquiere una relevancia sorprendente. La «Maldita Herencia» de la deuda argentina, explorada en su obra, parece persistir como una sombra ineludible en el presente. Los problemas económicos, los ciclos de préstamos y defaults, la lucha constante, son temas que persisten veinte años después.

El ajuste fiscal es imperativo, aunque enfrenta resistencia. La sociedad argentina se encuentra en una encrucijada: madurar y avanzar hacia un futuro donde el progreso se mide por el trabajo individual y no por privilegios políticos o sindicales. El desafío de Milei es monumental, pero también es una oportunidad para un renacer. La historia de Milei como presidente se está escribiendo, y la sociedad argentina tiene la pluma para decidir cómo continúa. Entre la carga del pasado y la lucha presente, la nación se enfrenta a una encrucijada, y la pregunta persiste: ¿cómo romper el ciclo de la deuda y la maldita herencia para forjar un futuro diferente?

El 10 de diciembre de 2023, Javier Milei asumirá la presidencia de Argentina, pero no lo hará con un bastón de mando en la mano, sino con una «maldita herencia» que amenaza con explotar antes de que pronuncie su juramento. La bomba de tiempo ya está en marcha, y la habilidad de Milei para gestionar los consensos necesarios determinará el destino de su gobierno. En el terreno económico, Milei advierte sobre meses difíciles, con al menos seis de alta inflación. No es sorprendente que el discurso inaugural del 10 de diciembre pueda resonar con las palabras de Winston Churchill: «Sangre, sudor y lágrimas.»

Argentina no se enfrenta a una guerra inminente, pero los desafíos son tan ominosos como una batalla. Si Milei no toma las medidas económicas y de reducción del gasto público necesarias, el abismo acecha. Sin embargo, si sigue el camino correcto, se enfrentará a una oposición feroz, dispuesta incluso a la violencia. La «casta populista», esa élite que ha vivido de las arcas del Estado, será la peor oposición de Milei. 

La gobernabilidad requerirá malabares y acuerdos con otras fuerzas para debatir leyes necesarias en el Congreso. La «Maldita Herencia» no es más que la acumulación de décadas de malas decisiones, exacerbada por el gobierno saliente. Argentina es un país complejo y desafiante para vivir y trabajar. El ajuste fiscal no es solo necesario, sino imperativo. Emitir moneda sin valor ya no es una opción viable. En este momento crucial, los argentinos tenemos la oportunidad de madurar como sociedad y avanzar hacia un futuro donde el trabajo y el esfuerzo individual sean la clave del progreso. En octubre de 2017 Cristina Fernández de Kirchner dijo: «Si quieren tomar decisiones de gobierno, formen un partido y ganen las elecciones». En 14 días, Javier Milei habrá hecho realidad esa máxima. La «Maldita Herencia» puede ser la carga más pesada, pero también la oportunidad para un renacer. La historia de Milei como presidente aún está por escribirse, y la pluma está en sus manos. Como dijo Jorge Luis Borges: “Nadie es la patria. Todos lo somos”.

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