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Javier Milei una victoria entre aliados imprevistos y desafíos inminentes

La barbarie se hace presente mientras el kirchnerismo extremo se vuelve aliado del presidente Milei, en medio de pulseadas legislativas, sociales y económicas. ¿Cómo impactan la inflación y las protestas en la popularidad de Milei? 

Por Jorge Grispo.

Desde el 10 de diciembre hasta hoy, hemos presenciado un fenómeno intrigante: el ala más extrema del kirchnerismo ha asumido, de manera paradójica, el papel de aliado inesperado para el presidente Milei. A pesar de contar con apenas 39 diputados, ha logrado la aprobación «general» de una parte significativa de sus reformas libertarias. Este hecho revela una dinámica política sorprendente, donde las posturas extremas del kirchnerismo han impulsado a otros sectores no oficialistas a respaldar las propuestas del gobierno.

La paradoja se manifiesta en que, mientras el kirchnerismo adopta posiciones extremas, algunas rozando la insensatez, éstas han generado una reacción inesperada en el resto del arco político. En lugar de aislar al presidente Milei, sus propuestas han encontrado apoyo en quienes, ante la extravagancia de las posturas kirchneristas, ven en las ideas libertarias una alternativa más sensata y constructiva.

Este peculiar escenario subraya la importancia de la democracia como un espacio para el debate de ideas. No se trata simplemente de quién grita más fuerte, sino de la capacidad de persuasión basada en argumentos sólidos y propuestas razonadas. El hecho de que el presidente Milei haya obtenido respaldo incluso de sectores que históricamente se encontraban distantes de sus planteamientos es un indicador de la necesidad de un diálogo político más profundo y reflexivo.

Este fenómeno también pone de relieve la fragilidad de las líneas partidistas cuando se trata de cuestiones fundamentales. El rechazo a posturas extremas puede trascender las fronteras partidistas y conducir a un apoyo inusual. En este contexto, el presidente Milei, con sus 39 diputados, ha logrado articular un consenso sorprendente, demostrando que el debate democrático puede ser una fuerza cohesionadora más allá de las diferencias ideológicas.

En última instancia, la lección que podemos extraer de esta situación es la necesidad de un debate político más matizado y centrado en las propuestas concretas. La democracia no solo es el ejercicio del voto, sino también la capacidad de influir a través de la persuasión y la construcción de consensos. En un escenario político donde las posturas extremas parecen estar perdiendo terreno, surge la oportunidad de un diálogo más racional y constructivo que guíe el rumbo del país hacia soluciones equilibradas y sostenibles.

La semana pasada, presenciamos una prolongada e innecesaria puesta en escena de la izquierda más extrema de nuestra sociedad. Unos pocos inadaptados generaron un ruido no solo innecesario, sino también nocivo, incluso para ellos mismos. Ahora, la discusión se traslada a los gobernadores, quienes deben lidiar, en el buen sentido de la palabra, por sus cuentas provinciales. En este escenario, Javier Milei se convierte en el actor clave, siendo el que tiene la lapicera para seguir firmando las transferencias. En resumen, la etapa más compleja para el oficialismo ha pasado, y ahora comienza otra negociación crucial.

El gobierno libertario se encuentra jugando varias partidas simultáneas. Por un lado, la pulseada legislativa, cuyo primer round terminó a su favor el pasado viernes. Por otro lado, la batalla en las calles, donde los manifestantes ponen a prueba permanentemente a la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich y a las fuerzas del orden. Es digno de destacar la profesionalidad con la que estas últimas han soportado insultos y agresiones de todo tipo. Es lamentable observar en algunos medios titulares del tipo «Gendarmería contra Jubilados», ya que esto no informa, sino que tergiversa la realidad de los hechos. Esta no es la Argentina que queremos para nuestros hijos.

Otra pulseada que el gobierno enfrenta es contra la inflación, una batalla que se libra en el bolsillo de la gente. Esta situación ha generado una previsible disminución en la popularidad del presidente Milei. Quizás sea la lucha contra la inflación la que, si se gestiona con éxito, pueda generar un mayor respaldo al presidente. Sin embargo, si no logra contenerla, se convertirá en su talón de Aquiles. Los tiempos, y sobre todo la paciencia social, se están agotando, y el gobierno debe actuar con celeridad y eficacia para mantener el respaldo de la ciudadanía. La realidad política y económica exige decisiones acertadas, y el presidente Milei se encuentra en una encrucijada donde el manejo de la inflación determinará en gran medida su éxito o fracaso.

Debemos destacar que en el transcurso del debate en la Cámara de Diputados de esta semana, se ha evidenciado el desgaste y la decadencia de nuestra clase dirigente. La falta de seriedad y respeto en las argumentaciones y propuestas de muchos diputados refleja un claro anacronismo, alejándose de la expectativa de un ámbito tan relevante como el Congreso. Esta problemática no solo revela la inutilidad de muchas de estas ideas, sino también el estancamiento que afecta a nuestro país.

La crisis no se limita al Congreso; las protestas violentas fuera del recinto son un preocupante reflejo de la falta de civismo y madurez en nuestra sociedad. Utilizar prácticas propias de pueblos incivilizados para obstruir la actividad parlamentaria es inaceptable y perjudicial tanto para las instituciones como para el bienestar de todos los argentinos.

Aunque es cierto que en las últimas elecciones las ideas libertarias de Javier Milei obtuvieron un respaldo mayoritario, la implementación de estas ideas desde la Casa Rosada ha generado una paradoja política interesante. Sin embargo, este hecho no justifica la falta de respeto y el comportamiento violento tanto dentro como fuera del Congreso.

Milei, con un respaldo de solo 39 diputados, se ve obligado a buscar consensos y negociar para avanzar en su agenda. Pero el debate crucial que como sociedad debemos enfrentar es si estamos dispuestos a tolerar espectáculos dantescos como los presenciados durante la discusión de la Ley Ómnibus. Además, es imperativo cuestionarnos si siempre son los mismos grupos los protagonistas de la violencia.

Es el momento de repudiar firmemente estos actos de violencia y buscar un cambio en nuestra forma de hacer política. Como sociedad, necesitamos fomentar un diálogo civilizado y respetuoso, donde las ideas y propuestas puedan discutirse sin recurrir a la violencia. Debemos aspirar a un país donde prime el debate constructivo y la construcción de consensos para el bienestar de todos los argentinos. No podemos permitir que la violencia y el odio sigan siendo protagonistas en nuestra política; es fundamental construir un futuro mejor basado en la tolerancia, el respeto y el entendimiento.

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