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El riesgo de la hiperconectividad

Los dispositivos tecnológicos de uso diario conectados a internet pueden acarrear riesgos. Conozcamos algunos de ellos.

El internet de las cosas describe objetos tecnológicos que poseen capacidad de almacenar, procesar e intercambiar datos con otros dispositivos a través de internet, a través de sensores y softwares.

Podemos encontrar desde calzado deportivo que analiza datos sobre nuestro estado físico, sensores de jardín que determinan necesidades de riego o luz solar, botoneras inteligentes que compran automáticamente un producto al acabarse, hasta contenedores de residuos que clasifican nuestros desechos.

Dentro del ámbito corporativo, el internet de las cosas (IoT), es entendido como una herramienta inconmensurable, toda vez que facilita y agiliza actividades centrales como actualización de software, mantenimiento tecnológico general, administración de la cadena de suministro, logística, y desde ya procesamiento de datos. 

Es en este último aspecto donde se han suscitado las fallas de privacidad y seguridad más comunes, las cuales afectan a los usuarios y consumidores. Los nuevos conceptos de viviendas, edificios y hasta ciudades “inteligentes”, monitoreadas de forma continua por cámaras y sensores, no se encuentran libres de defectos de diseño, que provocan fuga de datos indeseados para la población.

En la última semana de diciembre de este año, ha salido a la luz la información que la aspiradora inteligente de iROBOT, haciendo uso de su cámara, tomó fotos de una mujer en el baño de su domicilio, para luego subirlas a las redes sociales.

Desde la empresa se informó que las aspiradoras que venden al público generalista no tienen ese comportamiento y que las fotos tomadas, fueron remitidas a una empresa contratista la cual luego las subió a las redes. Asimismo alegan que la incorporación de cámaras respondía a entrenar sistemas operativos y reconocer los ambientes del inmueble donde debía   limpiar para lograr un posterior trabajo más eficiente. Claramente el resultado no fue el deseado.

Este hecho no es aislado, se suma a la problemática surgida en el mercado de los automóviles inteligentes. La industria automotriz ofrece diversos sistemas de conectividad relacionados al uso de GPS, conexión a la red, telefonía, etc., todo ello con la colocación de comandos al volante y llamativas pantallas.  

No solo que estos productos procesan datos susceptibles de ser hackeados, sino que además distraen al conductor. Es imposible no observar la pantalla, buscar información de la ruta de viaje, contestar un llamado… cuestiones prohibidas por las normativas de tránsito, pero que se han convertido en una costumbre contra ley. Inclusive algunas empresas del sector se encuentran evaluando su aplicación futura. Resulta contradictorio colocar control de estabilidad en un automóvil, en conjunto con un pantalla de 18 pulgadas plagada de luces que desde ya, desviará la vista del conductor.

La oferta de estos productos no se encuentra vedada o restringida por la ley, más aún constituyen un ejemplo de industria lícita. La única salida ante el avance de estos productos será educar al consumidor en su correcto y seguro uso como así también analizar la necesidad de la utilización de los mismos. 

La hiperconectividad como medio necesario para el desarrollo de la posprivacidad es un tema que no solo comienza a preocupar a consumidores, sino también a las empresas del sector las cuales se ven golpeadas por la sanciones ante los daños acaecidos.

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