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Desaprobados: Un país al margen de la normalidad

¿Cuánto tiempo puede sostenerse la dureza del ajuste fiscal en un contexto de creciente desigualdad y precarización laboral?

Por Jorge Grispo

«Un país al margen de la ley», obra literaria del reconocido filósofo y jurista argentino Carlos Nino, constituye un estudio exhaustivo que arroja luz sobre la situación argentina en términos de Estado de derecho. En su obra, Nino emprende un análisis minucioso y crítico de las circunstancias que rodean al país, desentrañando las causas estructurales que subyacen a problemáticas como la falta de independencia judicial, la impunidad de los actores políticos y la carencia de mecanismos eficaces de rendición de cuentas. A través de una investigación meticulosa, el autor proporciona un marco conceptual y analítico esencial para la comprensión de la realidad política actual en Argentina, particularmente en lo concerniente a la corrupción y al enriquecimiento ilícito de la élite política.

Milei ha demostrado de manera consistente una llamativa habilidad para convertir cada derrota política en una victoria pública. Tal destreza radica en su capacidad para comunicar sus contratiempos políticos a la sociedad, presentándolos como un enfrentamiento entre la «casta vs. el pueblo”, un concepto relativamente novedoso que podría tener consecuencias inesperadas en el futuro. El viernes pasado, la oposición hizo sentir al presidente la fuerza de los votos en la Cámara de Senadores, lo que además abrió una grieta previsible entre el Presidente y la Vicepresidente. Si bien es algo común en política, en Argentina, un país que se encuentra al margen de la normalidad es raro que el presidente y la vicepresidente finalicen sus mandatos manteniendo la misma relación con la que los iniciaron.

El Senado ha rechazado el DNU, pero este sigue vigente ya que requiere el rechazo de ambas Cámaras para quedar sin efecto. Las fuerzas políticas deberán ajustar su brújula del diálogo, pero no necesariamente suavizarlo. Actualmente, Milei cuenta con un capital político considerable: el respaldo popular a pesar de las dificultades económicas. Ajustar la estrategia dialoguista del gobierno no implica ser más complacientes, sino más estratégicos. Milei comprende, mejor que nadie, cómo utilizar la confrontación para polarizar y obtener visibilidad mediática. Ahora, deberá encontrar la manera de trasladar estas habilidades al ámbito político para mejorar su desempeño en las confrontaciones con políticos profesionales, quienes tienen una capacidad de respuesta más desarrollada que figuras no políticas como Lali Espósito, por ejemplo.

El rechazo del DNU por parte de la Cámara de Senadores tiene implicaciones más profundas en el ámbito político que en la vida cotidiana de los argentinos. El debate en el recinto reflejó una preocupante falta de rigor intelectual por parte de la mayoría de los senadores, quienes discutieron todo menos el tema en cuestión. Una palabra podría resumir la sesión: patética. Milei fue elegido para transformar la economía desequilibrada dejada por el peor gobierno que tuvimos en democracia, llevándola rápidamente hacia la normalidad. Además, enfrenta lo que podría describirse como una «guerra» contra el narcotráfico en Rosario, y la difícil tarea de desmantelar la corrupción arraigada en el gobierno durante décadas de populismo. En medio de todo esto, debe lidiar con una casta política dispuesta a todo para sabotear su gobierno, como demostraron el viernes pasado. Esta es la realidad de Argentina hoy: un país inmerso en una lucha entre las fuerzas del cambio y la vieja guardia política. Lo peor es que, como sociedad, los argentinos nos hemos convertido en espectadores de esta contienda.

Milei ganó las elecciones de manera legítima, presentando un plan de gobierno claro y está cumpliendo con sus promesas de campaña, algo poco común en la política actual. En la tarea de llevar a cabo su agenda, está desafiando numerosos intereses arraigados y desmantelando múltiples fuentes de corrupción, lo que ha generado descontento en varios sectores afines al dinero fácil del estado. Además, la recesión económica, necesaria para avanzar hacia una economía estable, está causando dificultades, a veces intolerables, para la población. Por si fuera poco, la oposición kirchnerista, que no asume responsabilidad por sus propios errores, espera agazapada la oportunidad para debilitar al presidente. No están dispuestos a permitir que Milei gobierne sin obstáculos y realice su labor con tranquilidad. La mezquindad de la oposición los lleva a desear el fracaso de las «fuerzas del cielo», mientras ellos observan cómodamente desde la «platea del infierno», con pocholo en mano.

El ascenso de Milei al poder representó un quiebre significativo con la política tradicional, marcando un clamor de hartazgo por parte de una ciudadanía cansada de la ineptitud y la voracidad de una clase política arraigada en el poder. Su promesa de establecer orden fiscal, reducir el gasto público y controlar la emisión monetaria resonó poderosamente en un país afectado por la inflación crónica y el derroche estatal. Los primeros resultados de la gestión de Milei, evidenciados por una inflación del 13,2% en febrero, parecen respaldar su enfoque enérgico hacia el déficit fiscal. Sin embargo, este «éxito» tiene un costo humano desproporcionado. Para el trabajador común, cuyo poder adquisitivo se ve constantemente erosionado por la voracidad inflacionaria, la realidad es desafiante y desalentadora. La inflación no solo impacta en el día a día de los ciudadanos, sino que también agrava una situación social ya de por sí alarmante. Después de décadas de políticas populistas, un amplio sector de la población ha caído en la pobreza, con una alarmante falta de empleo digno y una creciente dependencia de la ayuda estatal para subsistir.

En un giro dramático y lleno de suspenso, el modelo libertario intenta ganar terreno en cuanto a las variables económicas, avivando las esperanzas de una transformación profunda. Si este camino hacia la libertad económica prevalece, podría representar un punto de inflexión crucial para Argentina. Se vislumbra un futuro en el que la economía formal absorba gradualmente el trabajo informal, se generen nuevos empleos registrados y, poco a poco, las variables económicas comiencen a estabilizarse. Este escenario prometedor apunta hacia una normalidad económica tan anhelada por el país.

Sin embargo, en medio de este drama económico, persiste la sombra del fracaso. Si el modelo libertario no logra establecerse, las consecuencias podrían ser devastadoras. Nos arriesgamos a revivir las pesadillas del pasado, como la crisis sin precedentes durante el gobierno del presidente De La Rúa. Los fantasmas del desempleo masivo, la pobreza rampante y el colapso económico acechan en el horizonte, recordándonos las terribles consecuencias de la inacción y la incompetencia.

En este punto crucial de la historia argentina, el destino del país pende de un hilo, y solo el tiempo revelará si prevalecerá el triunfo o la tragedia. En este escenario de contradicciones y desafíos, la tarea de Milei va más allá de la gestión económica. Debe liderar una batalla cultural, asegurándose de que su gobierno no cometa errores que pongan en riesgo su Principal activo político: la credibilidad.

En última instancia, seguimos siendo un país que lucha por un orden institucional y económico sólido, obstaculizado por intereses mezquinos y una cultura política viciada. La tarea de Milei es monumental. Argentina es un país complejo, y los políticos argentinos hasta ahora no han logrado encontrar soluciones efectivas a los desafíos que enfrentan. Es hora de que dejen de lado las disputas partidistas y trabajen de manera conjunta y comprometida en la búsqueda de soluciones. La seguridad y el bienestar de la población no pueden ser comprometidos por intereses políticos mezquinos. Es momento de que las «fuerzas del cielo» nos ayuden.

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