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Gobernar y gestionar: Los desafíos del Gobierno libertario en medio de la tormenta

Desde su asunción, Javier Milei enfrenta la ardua tarea de desmantelar una compleja herencia populista mientras navega en aguas turbulentas, con promesas de reformas radicales y la lucha contra la inflación.

Por Jorge Grispo.

Actualmente, estamos enfrentando quizás la fase más dura de la tormenta perfecta heredada del último gobierno populista. Javier Milei tiene la titánica tarea de desarmar este complejo entramado. Desde su asunción advirtió que tiempos difíciles estaban por venir, y ahora, esos tiempos han llegado. Aunque la inflación está disminuyendo, sigue siendo un problema persistente, y ahora se suma una creciente percepción de falta de empleo. Las empresas informan una baja en la actividad y, para el ciudadano común, la situación se ha vuelto difícil.

El gobierno ha logrado un dictamen favorable para la ley de bases, aunque esta aún no avanza con la celeridad que los tiempos imponen. Además, se ha enfrentado a la falta de gas, un problema arrastrado desde hace años debido a políticas energéticas fallidas, que ahora también recaen sobre el presidente libertario. En medio de este proceso, el gobierno está en constante reordenamiento y aprendizaje. Gobernar un país es muy complejo, especialmente sin una estructura de apoyo para designar los más de diez mil cargos necesarios en la administración pública a nivel nacional. Este déficit repercute claramente en la gestión del gobierno, quizás siendo su mayor asignatura pendiente.

El gobierno ha tenido un alto costo en términos de aprendizaje y recursos humanos en sus primeros meses. Los meses venideros serán duros, pero si Milei no ha errado en sus pronósticos y análisis, es probable que hacia fin de año la economía empiece a mejorar. Mientras tanto, deben solucionar problemas de gestión y comunicación dentro de la propia administración libertaria.

La reciente destitución de Nicolás Posse como jefe de Gabinete de Ministros marca un punto crítico en la administración de Milei, reflejando no solo debilidades sino también un inquietante paralelismo con la novela distópica «1984» de George Orwell. Posse no logró sostenerse en su cargo, revelando una falta de capacidad para enfrentar una administración caótica y fragmentada. Las designaciones de funcionarios a su cargo no reflejaron la impronta reformista y privatizadora que Milei prometió. Este escenario recuerda la ineficacia y el doble pensar orwelliano, donde las promesas de cambio se desvanecen en la confusión burocrática.

La llegada de Guillermo Francos como nuevo jefe de Gabinete trajo expectativas. Francos, con su habilidad comunicativa y diálogo abierto, representa una figura moderadora necesaria. Sin embargo, su tarea de «domar al león libertario» es ardua, y los consensos para aprobar leyes reformadoras aún parecen lejanos. Además, Karina Milei, «la jefa», sigue controlando los movimientos de los ministros y del nuevo jefe de gabinete en una dinámica de poder muy particular. 

La popularidad de Milei se sustenta en su lucha contra la inflación, un enemigo invisible que recuerda a la guerra perpetua en «1984». Aunque busca la desinflación y el superávit fiscal, el desempleo creciente y la pérdida de cuentas sueldo muestran que la estabilidad económica es frágil. Los argentinos enfrentan una realidad donde las estadísticas y declaraciones oficiales no reflejan su sufrimiento cotidiano.

La gestión efectiva sigue siendo la gran asignatura pendiente del gobierno libertario, una carga ahora en los hombros de Francos. La necesidad de «gestionar, gestionar y gestionar» es imperativa para abordar los problemas de manera expeditiva que requiere la administración del país. Esta situación evoca la burocracia interminable y opresiva de «1984», donde la eficiencia es sacrificada en el altar del control absoluto.

Javier Milei fue elegido mayoritariamente en busca de un cambio profundo. Los presidentes anteriores no lograron vencer la inflación. Cristina Fernández fue superada por el gasto público, Mauricio Macri la duplicó, Alberto Fernández imprimió billetes sin control, y Sergio Massa no pudo detenerla, la explotó. La gente eligió a Milei por ser diferente, pero gobernar también es gestionar, y aquí es donde Milei y sus allegados deben enfocarse, dejando que el Ministro de Economía haga su trabajo.

Es importante recordar el contexto histórico y político que enmarca la actual administración. Desde los años de la dictadura hasta el presente, Argentina ha atravesado una serie de transformaciones económicas y sociales que han dejado una marca indeleble en su estructura política y social. Milei, con su postura libertaria, intenta navegar en estas aguas turbulentas con una serie de reformas que, aunque ambiciosas, enfrentan la resistencia de un sistema profundamente arraigado.

La figura de Karina Milei, la «jefa» en las sombras, añade una capa adicional de complejidad a la gestión del gobierno. Su influencia en las decisiones y movimientos dentro del gabinete es comparable a la omnipresencia del Gran Hermano en «1984». Mientras Milei se presenta como el rostro del cambio, Karina trabaja tras bambalinas, asegurándose de que la maquinaria del gobierno funcione de acuerdo con la visión libertaria. Este doble juego de poder interno refleja una dinámica de control que, aunque necesaria para mantener la cohesión en el gobierno, puede resultar contraproducente si no se maneja con delicadeza.

El desafío de la inflación es uno de los puntos centrales en la agenda de Milei. La inflación, ese enemigo invisible pero omnipresente, ha sido una constante en la economía argentina por décadas. La estrategia de Milei para combatirla incluye medidas de austeridad y una política monetaria estricta, buscando la desinflación y el superávit fiscal como pilares fundamentales. Sin embargo, el creciente desempleo y la pérdida la capacidad de consumo muestran que estos esfuerzos no están exentos de costos sociales. La estabilidad económica sigue siendo una meta difícil de alcanzar, y la percepción pública de la economía es un factor crucial que puede determinar el éxito o fracaso de cualquier administración.

La lucha contra la «casta» política es otro frente en el que Milei ha centrado sus esfuerzos. La Ley Bases, una pieza clave en su programa de reformas, ha encontrado una feroz resistencia en el Congreso. Esta resistencia refleja no solo las divisiones políticas tradicionales, sino también la dificultad de implementar cambios radicales en un sistema que se resiste al cambio. La figura de Guillermo Francos, como nuevo jefe de Gabinete, representa una esperanza renovada para superar estos obstáculos. Con su habilidad para negociar y su experiencia en el manejo de medios, Francos tiene la tarea de construir los consensos necesarios para avanzar en la agenda reformista de Milei.

La gestión efectiva sigue siendo una asignatura pendiente. El enfoque en «gestionar, gestionar y gestionar» es crucial para abordar los problemas de manera expeditiva y eficiente. La administración de un país requiere no solo una visión clara, sino también la capacidad de implementar esa visión en un entorno a menudo hostil y complejo. La burocracia interminable y la maquinaria gubernamental opresiva descritas en «1984» son un recordatorio de los peligros de perderse en los laberintos del poder sin lograr resultados concretos.

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