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Milei y el efecto pobreza. Un juego de ajedrez para la economía

En un contexto de incertidumbre económica y políticas en espera, los desafíos del campo, la recesión y las expectativas de cambio marcan el pulso de una nación en búsqueda de estabilidad y crecimiento.»

Por Jorge Grispo

Estamos atravesando un momento histórico como nación, uno que se distingue de los anteriores por la determinación de nuestro presidente en librar una batalla contra las «malas conductas» que en el pasado nos sumieron en una degradación económica y moral colectiva. En tiempos del populismo, la cultura del trabajo y el mérito parecían ser más bien excepciones que normas, y la sombra de la desidia y la corrupción se cernía sobre nosotros. Hoy, sin embargo, estamos viendo un resurgimiento de los valores que nos definen como sociedad. Los héroes de Malvinas vuelven a ocupar el lugar de honor que merecen, y el orden social intenta abrirse paso entre las protestas y la cultura del piquete, esa tendencia arraigada de «joderle» la vida al resto de los ciudadanos.

Como se ha dicho durante mucho tiempo, la línea que separa al genio de la locura es el resultado. En el caso de Milei, está navegando por el filo peligroso de la paciencia social. Las medidas de ajuste económico y la reestructuración de los precios internos están golpeando duramente el bolsillo del ciudadano común, aquel que se levanta cada día para ir a trabajar, para el cual el efecto pobreza es más que una realidad palpable frente a un ajuste que no le da tregua. Este es hoy el mayor desafío que enfrenta el presidente Milei: superar el efecto pobreza. 

La oposición más dura, aquellos que con décadas de despilfarro de fondos públicos llevaron al país al borde del abismo, espera agazapada, confiando en que el desgaste natural de cualquier gobierno haga su trabajo. Agazapados, anhelan que sea la población la que comience a retirar el sólido respaldo que actualmente tiene el presidente Milei. Aunque en las últimas semanas ha sufrido un ligero declive, sigue disfrutando del apoyo mayoritario de la población. La habilidad de Milei para conectar con los votantes es su arma secreta, la que lo mantiene en la cima de la consideración pública. Son pocos quienes lo comprenden verdaderamente, y aún menos quienes están dispuestos a jugar el juego que el presidente plantea con astucia en sus redes sociales.

Milei, en su calidad de economista, es considerado un ortodoxo extremo. Para él, la reducción de la inflación va de la mano con un severo ajuste monetario y fiscal. De hecho, está llevando las medidas un paso más allá de lo que incluso el Fondo Monetario Internacional aconseja. El shock en las cuentas públicas ha comenzado a surtir efecto de manera inmediata y, para la clase política tradicional (la «casta» en términos libertarios), los resultados son tanto sorprendentes como inquietantes.

En este contexto, el hecho de posponer los aumentos en las tarifas de gas y transporte revela una preocupación del gobierno respecto a su aceptación social y ese efecto pobreza que las medidas del gobierno, aunque imprescindibles, han generado. Esto sugiere que el ajuste económico está produciendo costos sociales más elevados de lo previsto, lo que compromete la percepción pública sobre su gestión.

Se despliega ante nosotros un juego de ajedrez sumamente complejo, donde cada movimiento conlleva una multitud de consideraciones y consecuencias. Alinear todas estas variables es una tarea titánica, y así es como se gobierna la República Argentina en la actualidad. En este escenario, la disputa con los gobernadores será crucial para poder mitigar las repercusiones que el ajuste económico trae consigo para la población. La demora en la aprobación de lo que fuera la Ley Ómnibus es el germen que agiganta el efecto pobreza en los bolsillos de los votantes, al retardar las soluciones que el presidente Milei quiso impulsar desde su primer día de gobierno. 

El ajuste fiscal implica, en algún punto, llegar a un acuerdo con los gobernadores, quienes son actores fundamentales para alcanzar una resolución satisfactoria. Sin embargo, siempre existe una complicación latente para el gobierno. En los conflictos que puedan surgir entre los gobernadores y el poder ejecutivo, la competencia primordial recae en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la cual tendría la última palabra en cualquier disputa entre estos dos actores principales de la política nacional. Lamentablemente la renovación de dos de los cinco cargos de los integrantes del máximo tribunal se ha visto empañada en lo que podría ser considerado un error no forzado en la elección de las vacantes a cubrir. 

En este complejo contexto político, la economía se convierte en la protagonista indiscutible. Es evidente que actualmente la actividad económica está experimentando una franca caída, estanflación, según algunos especialistas. El gobierno espera que una vez que este declive llegue a su fin, se produzca una rápida recuperación que permita mostrar índices alentadores. En este escenario, el sector agrícola será el actor principal en esta trama.

Además, nos encontramos frente a un fenómeno adicional: el encarecimiento de la economía en dólares, la moneda que los argentinos consideramos «fuerte». Con un tipo de cambio que comienza a quedarse rezagado, los efectos no deseados del ajuste se hacen más evidentes y se traducen en una recesión palpable.

A su vez, el campo argentino enfrenta desafíos significativos en la actualidad debido a una disminución en la producción, resultado de lluvias intensas y un exceso de calor que han afectado ciertos sectores agrícola ganaderos. En el caso de la soja, se espera una entrada de alrededor de 48 millones de toneladas entre abril, mayo y junio. En cuanto al maíz, tanto la primera como la segunda cosecha suman alrededor de 50 millones de toneladas, de las cuales aproximadamente 20 millones ya están siendo comercializadas en estos días. Sin embargo, existe una preocupación por la segunda parte de la cosecha de maíz, que comprende alrededor de 30 millones de toneladas. Este segmento podría verse afectado por la «chicharrita», un fenómeno no deseado que podría incidir negativamente en la producción del maíz tardío, conforme dan cuenta ciertos informes del sector.

En este contexto, la reducción de las retenciones al campo y la eliminación del cepo cambiario, ambas promesas del presidente, aunque sin una fecha precisa, son factores determinantes que influyen en gran medida en las decisiones de los productores rurales respecto a la comercialización de sus productos en el mercado.

Mientras tanto, la recesión económica está alcanzando su punto más crítico. En este contexto recesivo, los argentinos estamos experimentando un fuerte impacto en términos de «pobreza», que para algunos es más tangible que para otros, pero en cuanto a percepción, todo lo que se vende hoy en pesos resulta «caro» a los ojos del consumidor. Los salarios se han quedado rezagados, y ahora se suma el hecho de que los precios en dólares nos resultan elevados. Estos son todos ingredientes de un escenario recesivo que está poniendo a prueba, como nunca antes, la paciencia social y la capacidad del gobierno para superar la tormenta heredada.

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