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En el abismo político: Intrigas, traiciones y un candidato impredecible en medio del caos

El cierre de listas ha dado inicio a una contienda política colmada de dramatismo y estrategias disruptivas

Por Jorge Grispo.

«El arte de la guerra» de Sun Tzu, ese antiguo y venerado tratado de estrategia militar originario de China, emerge como un faro en medio de la vorágine política que envuelve nuestra nación. Sus enseñanzas trascienden los campos de batalla convencionales y se entrelazan con las complejidades de la arena política. En esta contienda electoral, los candidatos presidenciales asumen el papel de generales, valiéndose de astutas tácticas y estrategias para conquistar el favor de los votantes. La lectura de «El arte de la guerra» brinda una metáfora poderosa para describir la enérgica e ineludible batalla que se libra en el terreno político. 

Tras el tan anticipado y crucial cierre de listas, se vislumbra una nueva y trascendental fase en el escenario político de nuestra nación. A partir del próximo 9 de julio, siguiendo el inexorable cronograma electoral establecido, se despliega una intensa batalla mediática en forma de impactantes y bien orquestados spots publicitarios, con la mira puesta en la fecha decisiva del 13 de agosto, día en que se celebrarán las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Este crucial hito marca un punto de inflexión, ya que el cierre de listas ha supuesto una reorganización del caótico panorama político, si me permiten emplear un eufemismo, y ha conferido un ordenamiento a los principales contendientes, quienes se erigen como figuras prominentes en este agitado proceso.

En medio del convulso escenario político que nos rodea, se alzan dos voces potentes y resonantes dentro de las filas de Juntos por el Cambio: Rodríguez Larreta y Bulrich. Ambos anhelan fervientemente liderar el destino de nuestra nación, manifestando sus aspiraciones con una determinación sin igual. Sin embargo, a mi entender, lo hacen de manera desafortunada. Estos representantes, imbuidos de una retórica rupturista, prometen un cambio que enciende la llama de la esperanza en aquellos que anhelan un futuro mejor que el presente. No obstante, en esta compleja ecuación política se esconde una paradoja, pues, a pesar de pertenecer al mismo espacio político, sus propuestas divergen en direcciones completamente opuestas. El tono «bélico» que impregna su lucha interna solo sirve para otorgarle una ventaja al candidato oficialista (Massa) en una elección que se prevé como una contienda fragmentada en tercios. Se trata de un error estratégico flagrante que podría acarrearles un precio excesivamente elevado. En este contexto, es imperativo que estos líderes comprendan la importancia de la unidad y la concordia dentro de sus propias filas.

Esta marcada disparidad de enfoques entre Rodríguez Larreta y Bulrich podría resultar contraproducente para ambos, ya que genera confusión entre los votantes. El ganador de esta intensa contienda interna probablemente saldrá debilitado de cara a una segunda vuelta, dado que los seguidores del candidato perdedor podrían migrar hacia otro contendiente en la fase final de octubre. Este riesgo inherente a la interna de Juntos por el Cambio solo aumenta las probabilidades de perder una partida que, en un momento dado, parecía prácticamente ganada. Hoy, debido a sus propios errores, han nivelado el terreno de juego, poniendo en peligro sus perspectivas de éxito. El futuro político de esta coalición se encuentra en una encrucijada, donde la falta de unidad y la discordia interna amenazan con socavar sus posibilidades de alcanzar la victoria.

En el actual panorama político, resulta imposible ignorar la prominente presencia de Sergio Massa, quien se posiciona como una poderosa figura dentro del frente oficialista «unificado» —si podemos, una vez más, utilizar un término eufemístico—. Esto se debe a que la ex poseedora del poder y los votos ha dejado en claro recientemente que el actual ministro de Economía no es «su» candidato. Con la bandera de la tan anhelada estabilidad de los mercados enarbolada, su discurso se basa en la acumulación de experiencia y en la promesa de avances progresivos como el sendero hacia una sociedad más justa y equitativa. Siguiendo los pasos de Carlos Menem, se espera que este candidato pronuncie lo que sus votantes desean escuchar, en lugar de revelar sus verdaderas intenciones en caso de acceder al cargo presidencial. Es evidente que no tiene otra alternativa para obtener el respaldo de los sectores más radicales de lo que alguna vez fue el Frente de Todos.

En mi opinión, la candidatura de Massa es una consecuencia directa de la rendición de la señora CFK. Sin embargo, existen voces que mantienen una versión contraria, argumentando que ella buscó deliberadamente este desenlace para distanciarse de una inminente y altamente probable derrota marcada por una inflación de tres dígitos. No obstante, en el frenético cierre de las listas de «Unidos» por la Patria, Alberto Fernández desplegó con astucia su última carta en el juego político: la amenaza de renunciar a su cargo como presidente traicionando todas sus promesas de fidelidad para con CFK. Tal acción, para Cristina, tendría implicaciones mucho más graves que una simple catástrofe. Es claro que si Massa fracasa en su empresa electoral, la figura de Cristina no sufrirá un golpe tan severo. Sin embargo, es aún más evidente que, en caso de que el Ministro de Economía logre el milagro de ser elegido presidente, CFK se encontrará en el peor de los escenarios posibles: privada de un poder real y completamente excluida del centro de toma de decisiones en el futuro gobierno. Aunque pueda pretender lo contrario, al final del día, las circunstancias son ineludibles y se presentan tal y como son.

No obstante, en medio de los contendientes de la “grieta”, ha emergido un candidato que indudablemente ha generado sorpresa e incertidumbre en el actual panorama político. Javier Milei, abanderado de la agrupación Libertad Avanza, se alza con una retórica avasalladora y una actitud desafiante hacia el statu quo imperante. Sus propuestas, en ocasiones revolucionarias y radicales, buscan sacudir los cimientos de un sistema político que, a su criterio, ha caído en la mediocridad y el estancamiento.

Milei ha logrado ubicarse habilidosamente en un espacio apartado de la tradicional polarización política, captando la atención de sectores jóvenes de la población y aquellos descontentos con la casta política. Construyó un personaje magnético que lo ha catapultado rápidamente a obtener un escaño como diputado nacional. Sin embargo, siempre hay matices que considerar en el camino. La celeridad de su ascenso ha ido de la mano con la falta de tiempo para establecer una estructura sólida que le permita competir con alguna posibilidad en una elección presidencial. De esta manera, llega a esta contienda únicamente respaldado por su «personaje» y algunas ideas distópicas, pero sumamente atractivas para sus seguidores.

La incógnita que nos embarga es si Milei será capaz de mantener o incluso ampliar su base de apoyo, o si sus proyecciones terminarán desinflándose con el transcurso del tiempo. El desafío para él radica en sostener el ímpetu de su ascenso y probar que su presencia en la arena política va más allá de un mero fenómeno efímero. La respuesta se encuentra en manos del electorado, quienes decidirán si el fervor inicial se traduce en un respaldo sólido o si se desvanece con el paso de los días.

La batalla política, ahora más encarnizada que nunca, se presenta como un duelo de titanes, cada uno con sus propias armas retóricas y estrategias de campaña. La arena de la opinión pública se convierte en un escenario de confrontación, donde las palabras cobran un peso desmesurado y las promesas reverberan con fuerza, intentando seducir a un electorado ávido de soluciones y cambio. ¿Quién se alzará victorioso y conducirá los destinos de nuestra nación hacia un nuevo horizonte? El tiempo lo dirá, y los ciudadanos serán los jueces de esta trascendental contienda electoral.

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