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¿Podrá el rayo «Castificador» de Javier Milei doblegar a la casta?

La reciente batalla en torno a la Ley Ómnibus ha arrojado luz sobre la complejidad del entramado político actual, así como sobre la ferocidad de la resistencia de aquellos que se aferran al status quo vigente durante los últimos 20 años.

Por Jorge Grispo.

En el convulso escenario político de Argentina en el año 2024, Javier Milei emerge como una figura central en un panorama marcado por la incertidumbre y la agitación. La reciente batalla en torno a la Ley Ómnibus ha arrojado luz sobre la complejidad del entramado político del país actual, así como sobre la ferocidad de la resistencia de aquellos que se aferran al status quo vigente durante los últimos 20 años con tenacidad. Es como si estuviéramos viendo en una película oscura, en una escena más oscura aún, donde en un tugurio de baja estofa, dos personajes se baten a duelo en una pulseada para probar su hombría. 

La hombría que se pone a prueba, pasa, en el caso de Javier Milei por exacerbar su propia identidad libertaria anticasta con la motosierra en mano. Y por el lado de la “casta” ese nefasto enemigo que tan útil le resultó al libertario para llegar a la Casa Rosada, por preservar el flujo de pesos que le permitan a las provincias seguir manteniendo el déficit con el cual vienen conviviendo desde hace décadas. En el medio estamos los ciudadanos de a pie padeciendo como si fuera un daño colateral, el drama de un ajuste tan necesario como duro para el bolsillo de la inmensa mayoría de los argentinos, que heredamos tras décadas de descalabro populista, quienes ahora padecen curiosamente un insólito virus del olvido respecto de su propio pasado. 

La efímera victoria obtenida con la aprobación inicial de la Ley Ómnibus fue un destello de esperanza en medio de la oscuridad política que cubre a Argentina. Sin embargo, esa esperanza se desvaneció rápidamente durante el debate en particular (artículo por artículo), cuando las fuerzas del establishment político se unieron para bloquear cualquier intento de cambio significativo. El kirchnerismo, con su retórica inflamatoria y su base de apoyo firme, se alza como un cruento obstáculo en el camino de Milei y su agenda de reformas libertarias. Con una “amnesia” selectiva llamativa, el kirchnerismo lucha tenazmente para mantener su vigencia desde la oposición, haciendo todo lo posible para que el proyecto libertario fracase. La frase que se viene escuchando en varios lugares es “cuanto peor mejor”, dando lugar a incipientes esperanzas de volver más pronto que tarde al poder. 

Milei no es un hombre que se rinda fácilmente. Ya dio muestras claras de que si es acorralado redobla la apuesta, o en términos más claros aún, no es un líder que “arrugue. El ejemplo más claro, en las últimas horas, fue el despido de funcionarios ligados a los gobernadores considerados “traidores” por el mandatario (Llaryora y Sáenz). La rápida salida de Giordano (ANSES) y Royon (Minería) es la prueba más clara de que Milei pretende gobernar con mano dura. 

En este contexto, los Decretos de Necesidad y Urgencia se convierten en un arma que tiene al alcance de la mano. Recurrir ahora a la mecánica de los plebiscitos sería fastidiar a un más a una ciudadanía que tuvo que ir recurrentemente a las urnas en 2023, sumado a todo lo que lleva implícito plebiscitar fuerzas en medio de un ajuste económico tan importante como el que se está llevando adelante. 

A los DNU se suman el manejo de los fondos discrecionales del estado, esos que son tan apetecibles para los Gobernadores Provinciales y respecto de los cuales el presidente ya ha dado señales más que claras de que “todos” se deberán ajustar los cinturones aún más de lo que tenían previsto. El presidente comenzó eliminando el Fondo Compensador del Interior, afectando directamente a los Gobernadores que deberán destinar mayores recursos propios para sostener los sistemas de transporte provinciales. En los próximos días, ni bien regrese al país, es dable esperar varias sorpresas más en esa misma línea. 

Sin embargo, el tiempo es el enemigo más implacable del presidente. Cada día que pasa sin progreso en el combate de la inflación y la normalización de los precios internos es un día perdido en la lucha por el cambio, y Milei siente la urgencia de la situación en cada momento. Está decidido a ser el arquitecto de un nuevo capítulo en la historia del país, donde la esperanza y el progreso prevalezcan sobre la desesperación y el estancamiento político. 

Con sus propias palabras, el presidente fue muy claro, cuando desde Israel dijo hace unos días: “Ayer fue un día crucial en la cámara de diputados, donde la casta política, esa élite que parece más interesada en mantener sus privilegios que en el bienestar del pueblo argentino, comenzó a desmantelar la ley de bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos. Este acto no solo refleja una clara traición al pueblo, sino que también pone en peligro el futuro de la nación”.

Es la pulseada que señalaba anteriormente. Milei se posiciona como el defensor del pueblo argentino y pone a la casta en el papel del ogro opresor que vive a costa del estado. Nada que no sepamos los argentinos luego de soportar décadas de un populismo solo servil a sus propios intereses. Pero, siempre hay un pero, la paradoja es que somos los propios argentinos los que votamos la composición actual del Congreso, donde el gobierno libertario no tiene las herramientas legislativas suficientes para hacer los cambios profundos que se ha propuesto, y debe lidiar como una minoría solitaria frente a todo el arco opositor que espera, cuchillo entre los dientes, a que cometa un error para caerle encima con toda la furia tan característica que los sectores kirchnerista han demostrado cuando son oposición.

El problema de la gobernabilidad es el que ahora debe atraer las mayores preocupaciones del presidente y su entorno. Es que, al no haber pasado la Ley Ómnibus el filtro complejo del entramado legislativo, vuelven a surgir dudas tanto internas, como externas, principalmente de los inversores, en punto a las posibilidades que tendrá el gobierno libertario para maniobrar en un pantano tan complejo como el de la política argentina. De este modo, le queda a Javier Milei dar muestras claras de que está en control de la situación, y precisamente para hacerlo, pareciera, a la luz de todo lo que venimos observando, que no tendrá más remedio que exacerbar su diatriba anti casta, redoblando fuertemente la apuesta. En este sentido, el naufragio de la Ley Ómnibus fue capitalizado por el presidente como una manera de mostrarse frente a su electorado, como un líder firme y dispuesto a seguir avanzando.

Es claro, a esta altura del partido que toda la política nacional, y también la “popular”, se va a rasgar las vestiduras, de la manera más cruda que podamos imaginarnos en una feroz pelea por los fondos. Es que, en Argentina pareciera que se ha vuelto una costumbre aceptable por todos, que la política sea el campo de batalla por la asignación de los recursos monetarios del estado, esos mismo que los contribuyentes aportamos con nuestro esfuerzo diario, o dicho de manera más fácil, “se están peleando por la guita ajena”. Tanto los Gobernadores, como los intendentes, enfrentan ahora el dilema de que, al arrinconar políticamente al gobierno libertario, este hace lo propio con los fondos y los recursos del Tesoro Nacional. Esa una trifulca típica de “El club de la pelea”. Veremos quien tiene los músculos más firmes y fuertes en la discusión por los “pesos”. Y sobre todo, quien soporta mejor los golpes. 

El problema de esa pulseada, es que Milei termina apretando el cinturón a los gobernadores opositores, pero también ajusta a los que quieren respaldarlo, como sucede con la mayoría de los radicales y del PRO. La historia nos ha demostrado que el que maneja la caja es el que lleva más tarde o más temprano, las de ganar. El rayo “castificador” de Javier Milei hoy tiene más importancia que nunca, pues es en estos momentos donde esa nueva grieta, la guerra contra la casta, es la que resulta más útil para que el presidente pueda apuntalar el apoyo de la sociedad, en la cual ese mensaje ha calado mucho más profundo de lo que la propia casta se podría imaginar. El tiempo, como siempre, nos dará las respuestas.

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