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Últimos estertores de un poder que agoniza

Cristina es hoy el nuevo Frankenstein de la política nacional y popular. 

Por Jorge Grispo. Abogado, especialista en Derecho Corporativo, autor de numerosos libros y publicaciones.

Cristina transita por el sendero de la agonía política. No significa que deje de dar sus batallas y lo haga cada vez con mayor fiereza. Mujer de vasta experiencia y con la piel curtida, no es de asustarse fácil. Goza de ese halo de viveza criolla que la diferencia del resto, viveza que contrasta con los inteligentes. La diferencia entre el “vivo” y el “inteligente”, es que el primero sabe salir de los problemas en los que el segundo jamás se metería. Lo cual por cierto no es un detalle menor. La vicepresidenta se enfrenta al mismo tiempo con muchos problemas y rivales diferentes, lo cual es un error desde la estrategia, y un suicidio desde la política, convirtiéndola en el nuevo “Frankenstein” de la política nacional y popular, a consecuencia de la moraleja que nos deja la novela escrita por Mary Shelley en 1817: Víctor Frankenstein, al crear y abandonar al monstruo, lo lleva a un paso más cerca de convertirse en la mano vengadora que destruirá su vida, por lo tanto, Frankenstein es su propio asesino. Y esto es lo que está sucediendo en torno a la vicepresidenta, donde su creación, “Alberto Presidente”, la está destruyendo. Veamos.

Todo lo sucedido esta semana, en clave de vodevil criollo, es una abierta demostración de los temores más profundos de una persona que supo llegar a la cima del poder, pero sabe que hoy transita por el sendero de su propia agonía política. Los 5,2 millones de votos que perdió en 2021 fueron el primer estertor. El infortunado gobierno que integra junto a Alberto Fernández el segundo. Con casi siete décadas de existencia, la mayoría de las cuales las ha pasado en la vida pública, y bajo los spots de luz que todo lo resaltan, es querida por algunos y odiada por muchos. Sus últimas “jugadas”, que dan cuenta de síntomas de agotamiento físico y mental, no estarían dando los resultados pretendidos. Cristina ya no es la que supo ser. Sus signos de locura (política) son cada vez más evidentes al mismo tiempo que su propia “creación” la está destruyendo, prueba de lo cual es su nuevo enemigo: Horacio Rosatti el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Cristina lo conoce y le teme. Sabe que tiene un rival muy difícil de domesticar.

Por su parte el Presidente de la Corte, Horacio Rosatti, peronista, que salió a la arena política de la mano de Carlos Reutemann, fue intendente de Rosario, convencional constituyente nacional, Procurador del Tesoro Nacional y Ministro de Justicia en el gobierno del extinto Néstor Kirchner, como puntos más destacados de un extenso curriculum que avala los pergaminos de una persona que sabe muy bien lo que quiere y cómo hacerlo. Renunció como Ministro de Justicia premonitoriamente en desacuerdo con ciertos manejos llevados a cabo por José López (el mismo que tiempo después tiraría bolsos repletos de dólares dentro de un convento), convirtiéndose en supremo bajo la presidencia de Macri. Rosatti tiene la personalidad suficiente para avanzar sin prisa, pero sin pausa. Su andar ha demostrado ser demoledor. Goza del prestigio jurídico necesario entre sus pares, y del respeto de sus enemigos (esos que todos los que están en la vida pública suelen tener). Es un jurista de fuste que sabe lo que hace, pero además entiende los tiempos de la política. Una combinación que se puede convertir en la kriptonita de Cristina Kirchner. 

Rosatti es autor de numerosas obras de doctrina jurídica, y, además de un libro que nos ha llamado la atención desde su publicación en 2018: “Ensayo sobre el prejuicio. Frankenstein, o el rechazo a lo diferente”. Una obra donde se destacan varios pensamientos que resultan una excelente definición, desde otro ángulo, de los tiempos de zozobra política que está viviendo Cristina en la actualidad. Dice Rosatti en su “Ensayo”:·La criatura creada por Víctor Frankenstein plantea en toda su crudeza la vinculación existente entre moral, estética y comunicación. Parte de esa crudeza se debe a la preponderancia que el sentido de la vista tiene a lo largo de la obra y que define el absurdo del monstruo: él quiere vivir con un universo pleno, pero solo puede hacerlo con un universo ciego”. Anticipando los tiempos que estamos viviendo en punto a las idas y vueltas del espectáculo público montado por la vicepresidenta en su duelo contra el Poder Judicial, características de una ceguera sin parangón, fundada en sus propios odios y los temores que conforman su universo. 

La moraleja que en su momento nos dejó la novela de Mary Shelley, recobra actualidad porque en cierto punto es lo que le sucede a Cristina con Alberto. La vicepresidenta creó un “monstruo”, una fórmula presidencial que si bien fue exitosa, hoy es la consecuencia de sus males. El Gobierno del que ahora “intenta” despegarse es el mismo que fagocita su cuota de poder. De prometer asado en la mesa de todos los argentinos en poco tiempo se convirtió en la Reina Polenta. Cuando el precio de una pizza grande aumenta 200% en dos años igualando el costo de la factura de luz de una familia tipo, algo anda muy mal. Para colmo las elecciones en los centros de estudiantes de todo el país van de la mano con la indignación que genera un gobierno incapaz de solucionar los problemas de sus propios votantes. A lo que se suma Javier Milei con su discurso “anti casta” conquistando un nada despreciable porcentaje de aceptación en los barrios carenciados, algo antes impensado. Cristina sabe que cuándo el sunami de los aumentos tarifarios llegue a las puertas de los votantes ya nada será igual. 

Los que alcanzan alguna vez la cima saben que un día empieza el camino cuesta abajo. Todo lo ocurrido en torno a la Corte Suprema y el Consejo de la magistratura nos lleva a pensar que ha tomado conciencia de su derrotero hacia el ocaso, y, al mismo tiempo recobró el impulso necesario para jugar hasta las últimas consecuencias (el fin justifica los medios en palabras de Maquiavelo). Nada es casualidad. Cristina en 2019 “dio vida” al monstruo que hoy se la está devorando. El mismo que la llevó a perder las elecciones de medio término, y con ello la necesidad de alejarse de su propia creación para no quedar pegada con lo que es hoy el peor gobierno de la democracia argentina. Hizo y va a hacer todo lo que sea necesario para preservar un menguado capital político que mínimamente le permita “vivir” con fueros, que hoy vendría a ser algo así como un escudo protector contra su principal enemigo: el Poder Judicial, ahora personificado en la persona de Horacio Rosatti. 

En su obra (“Ensayo sobre el perjuicio”) el supremo, se hace una pregunta, que hacemos propia: ¿Nace el monstruo de Frankenstein con conciencia de su propia existencia? Alberto, entendemos, tuvo un halo de conciencia de su propia debilidad política en los primeros pasos que dio vestido con el traje de Presidente de la Nación. De repente se encontró con una Pandemia que todo lo cambió y durante unos pocos meses actuó (al mejor estilo Zelig) como un presidente bien plantado. Luego, el tiempo que es el padre de toda verdad y mentira, sus permanentes tropiezos consigo mismo y la procrastinación en la toma de decisiones (la demorada negociación con el FMI es suficientemente demostrativa) hicieron lo suyo, exponiendo la realidad de Alberto Fernández y por consecuencia la propia debilidad de Cristina Kirchner. Una frase del libro de Rosatti define a la perfección el presente de nuestro presidente: “… El monstruo, que es un intento de superar la alienación metafísica del hombre, generada por la segura ocurrencia de la muerte, termina sepultado por los prejuicio de la alienación histórica de la sociedad”. 

La actualidad nacional y popular es un grave problema para Cristina. Como ya nos tiene acostumbrados, no está dispuesta a dar ni un centímetro de ventaja, mucho menos “desprenderse” de una banca en el Consejo de la Magistratura, ahora presidido por su enemigo más peligroso, incluso si tiene que “simular” la división de su propio bloque en el senado. Juega a todo o nada. A matar o morir. El objetivo central de la vicepresidenta pasa por colonizar la justicia (¿democratizar?), al menos, la mayor parte que pueda, ya que desde su propia dialéctica quienes son elegidos por el voto popular no deberían ser “juzgados” por esos personajes siniestros que no son votados por nadie, gozan a “perpetuidad” de sus cargos, y tienen un poder que compite con el suyo propio. Y ese pensamiento no es nuevo, viene de larga data. Para Cristina la división de poderes tal y como está concebida en nuestra constitución es un problema que ocupó su agenda desde el primer momento que desembarcó en el gobierno bajo la presidencia de Néstor. 

Democratizar la justicia, es un muy buen título para encubrir lo que en realidad es la intensión de colonizarla y dominarla por completo. Rosatti va a dar batalla.

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27 septiembre 2022

 

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