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NOTAS DE OPINIÓN

El cinismo de Cristina zigzaguea entre sus miedos y el ocaso de su proyecto político

Desde la gestualidad de sus actos Cristina ya se fue del gobierno, al que considera hoy una expresión menor, sin votos y debilitado por tanto fuego amigo.

Por Jorge Grispo. bogado, especialista en Derecho Corporativo, autor de numerosos libros y publicaciones.

Para la filosofía, el cinismo es un movimiento que nació en Grecia (siglos IV y III a.c.) y luego se expandió por el Imperio Romano y Constantinopla hasta el siglo V. Diógenes fue el cínico más conocido de su tiempo. Los cínicos se caracterizaban por presentarse ante la sociedad de manera vanidosa, no tenían sentido de la vergüenza ni de la mesura. Con el paso del tiempo el concepto de cínico fue evolucionando hasta ser considerada una persona que no cree en la sinceridad, con una fuerte inclinación a expresarse con ironía, sarcasmo y burla por el otro. El cinismo es una forma de comunicar lo que se piensa. Los cínicos viven bajo su propia ley, la que eligen para sí mismos. Las leyes de los hombres no son importantes en la concepción que tiene el cínico de la vida. De hecho desprecian las normas que intentan ponerles límites.

Cristina es, desde la concepción filosófica, una cínica moderna de pura cepa. La relación con Alberto Fernández es un ejemplo claro. El “regalo” que le envió por su cumpleaños fue una demostración cabal de su cinismo. Para la Reina Polenta lo único que importa es su propia visión de las cosas, al punto de que si no son como ella quiere está dispuesta a destruirlas sin piedad. En su caso cada movimiento que hace es producto de un cálculo anterior, estudiado al detalle. Esto no significa que sea infalible, la actualidad argentina demuestra lo contrario (visiblemente es una vicepresidenta que no funciona, el Chacho Álvarez del Capitán Beto). Cristina es un personaje previsible, tanto que su divorcio político de Alberto fue anunciado con mucha anticipación, incluso antes de la derrota en las PASO de 2021, cuando las encuestas ya mostraban el camino de la debacle. Hoy solo sigue al pie de la letra el plan trazado hace tiempo. 

Para el pensamiento de Cristina, Alberto Fernández es un traidor y debe ser tratado como tal. Ella hizo todo bien, lo sentó en el sillón de Rivadavia. Cumplió con su parte del pacto. En cambio el presidente con más memes de la historia nacional y popular la traicionó, faltó a su palabra. Tanto que tuvo que recordárselo con dos cartas públicas y el simbólico renunciamiento masivo de su tropa primero, y luego el de Máximo a la presidencia de la bancada oficialista. Cristina, que suele jugar sus partidas con varias movidas de anticipación, ya asumió que en 2023 la derrota electoral es altamente probable, por no decir segura. Igualmente va a dar pelea, no le queda otra opción. Buscará una nueva fórmula mágica que le garantice votos y cajas. Massa/Manzur son los que hoy corren en primer lugar para la consideración de una Cristina cada vez más aislada y desconfiada de todo lo que la rodea, mientras ve como lentamente el poder que logró construir para ganar en 2019 ahora se le escurre como agua entre las manos. 

Cristina sabe que obtener una banca como senadora es una meta fácil de alcanzar. Al borde de las siete décadas ya no está para la gestión del día a día. El pragmatismo tiene su peso, junto con la banca están los fueros, ese preciado tesoro que funciona como escudo protector frente a las causas judiciales que la preocupan. Tormento cuyo primer síntoma lo tuvimos con la salida prematura (18/3/21) de Marcela Losardo del Ministerio de Justicia y la entrada de Martín Soria, de quien vale la pena recordar como transcurrió su primer encuentro con los integrantes de la Corte Suprema, para comprender la real dimensión de las preocupaciones de Cristina. A lo cual debemos sumar el frustrado proyecto de reforma a la Corte que se intentó en 2020 (Comisión Beraldi), no sin antes cubrirlo de edulcorante para que fuera más digerible de cara la sociedad. Ahora la Reina Polenta libra una dura batalla para evitar, a como de lugar, que el Consejo de la Magistratura sea encabezado por el Presidente de la Corte. Lo que nos muestra una vez más por donde pasan sus miedos más profundos. La inflación no está entre sus prioridades. 

Cristina cuando le dijo a Massa, al encabezar un acto en el Congreso de la Nación por el 40 aniversario de la Guerra de las Malvinas: Le voy a recomendar un libro que le recomendé al presidente (de la cámara de Diputados), ensayó realzar la figura de Massa como posible candidato en un doble sentido: El primero para la hipótesis de que Alberto Fernández no logre terminar su mandato, aspecto que Cristina no descarta, sino que hasta cierto punto espera y de hecho ya lo anticipó (el recordado Club del Helicóptero). El segundo, al aclarar que se refería al presidente Massa, para decir luego que era el «presidente» de la Cámara de Diputados, se colocó ella nuevamente en el centro de las decisiones dándole a su dedo el mismo poder que el del martillo de Thor, ignorando (o no queriendo ver) que tanto Massa como Manzur tienen su propia agenda, al igual que la mayoría de los gobernadores y sindicalistas peronistas. 

Cristina sabe que ha mermado su poder. Los 5,2 millones de votos que perdió en 2021 fueron un trago amargo. Su relación con Alberto no tiene retorno, salvo que algún enemigo impensado los vuelva a unir por necesidad o por espanto. Los fuertes aumentos de los servicios públicos, más el espiral inflacionario que estamos padeciendo son elementos que le permiten anticipar que el descontento social y las consecuentes protestas populares solo se incrementarán en las próximas semanas, mientras Alberto Fernández sigue extraviado en lo personal, desgastado políticamente, y carente de credibilidad. Un panorama muy duro por el cual deberá transitar la desvencijada coalición de gobierno. La complejidad del desastre actual que ha causado el peor gobierno democrático es muy grave. Y para una cínica como Cristina, más vale curarse en salud que esperar milagros. Desde la gestualidad de sus actos ya se “fue” del gobierno, que es hoy una expresión menor sin votos y debilitada por tanto desgaste y fuego “amigo”. 

En esa línea, con una inflación récord que se encamina a superar el 6% en marzo, las diferencias de la coalición de gobierno se agigantan. El primer objetivo de Cristina es echar a Guzmán. Tanto Kicillof como Feletti ya lanzaron sus dardos envenenados al ministro. Al mismo tiempo que la riña de gallos se espiraliza en todos los ámbitos del gobierno, la crisis energética que enfrentamos se va a acercando con el frío. Se agrega que el Sumo Pontífice hizo llegar un fuerte mensaje a un atribulado Presidente, frente a lo cual un volantazo pareciera ser la única salida que tiene a mano ¿se animará finalmente a rearmar un gabinete “albertista” y relanzar su gobierno el próximo 25 de mayo? Sabe en el fondo que su plan de jubilar a Cristina se adelantó antes de lo previsto, pero las presiones constantes que sufre de su ex socia mayoritaria parecieran no dejarle otra salida. Si, en cambio Alberto cede y saca a Guzmán, no le quedará otra alternativa que ejercer fielmente el cargo de mandatario delegado de Cristina (títere), situación que ésta última tampoco quiere porque sabe que van rumbo a un fracaso estrepitoso y pretende situarse lo más lejos posible de las esquirlas que provoque el estallido de su gobierno. Conclusión: Alberto está más solo que nunca. 

Cristina puso a volar el fantasma del helicóptero y ahora corre el riesgo de caerse junto con Alberto. A esto se suma el ocaso de su proyecto político, el cual ya nos ha dado sobradas evidencias de ser un camino seguro hacia el fracaso. Cristina fue presidenta de la Nación por 8 años seguidos, más los dos que lleva este gobierno, donde sus decisiones tuvieron ciertamente un impacto trascendental. En el medio tuvimos el gobierno de Cambiemos que no logró torcer el rumbo hacia la decadencia. Llevamos de esta forma catorce años continuos de caída. Cada día estamos un poco peor que el anterior, se degrada la sociedad, el narcotráfico hoy es más poderoso que antes, los pobres están cada vez peor. El sistema escolar es un desastre. Los diez años que pesan directamente sobre las espaldas de Cristina justifican que sea reconocida en la actualidad como la Reina Polenta, en una sociedad que dejó el asado para dar paso a la polenta en su mesa. La decadencia del proyecto político de Cristina (entiendo que hace rato hablar de kirchnerismo es un eufemismo) es hoy una realidad palpable junto con su ocaso individual. 

Acuerdo con el FMI mediante, la Reina Polenta sabe que únicamente puede prometer sangre, sudor y lágrimas para una sociedad que está tan agotada como indignada. Con lo cual solo queda despegarse de lo que fue su éxito electoral en 2019, pero que se terminó convirtiendo en el peor gobierno de la democracia argentina. Cristina ya hizo las valijas del proyecto que inició en 2019, ahora está de mudanza, pero no se sabe aún adonde la llevarán los resultados de las próximas elecciones que si bien están programadas para el 2023, no es posible descartar que se terminen anticipando dada la fragilidad del Capitán Beto, que sigue perdido en su periplo por el espacio, como cantaba magistralmente el flaco Spinetta. 

Cristina, con su cinismo a cuestas, deambula entre el equilibrio de sus miedos y el ocaso de su proyecto político. En palabras de Diógenes de Sinope, el más cínico de los cínicos: El fundamento de cada estado es la educación de sus jóvenes. La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos. 

Muchas veces encontramos en la filosofía algo de luz entre tanta oscuridad.

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27 septiembre 2022

 

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