PUBLICACIONES

NOTAS DE OPINIÓN

¿Vuelve la Argentina violenta? El uso político del atentado a CFK divide a la sociedad en tres

El atentado a Cristina nos exhibe como una sociedad infectada por el virus del odio e impotente para solucionar las diferencias. 

Por Jorge Grispo. Abogado, especialista en Derecho Corporativo, autor de numerosos libros y publicaciones

Lo primero que debo afirmar es mi más absoluto repudio al atentado perpetrado el pasado jueves primero de setiembre de 2022 contra la Vicepresidenta de la Nación. En un hecho desgraciado -al igual que en 1991 cuando en San Nicolás intentaron asesinar, por tercera vez, a Raúl Alfonsín-, marcándonos el punto de hervor de una sociedad enojada e infectada por el virus del odio. Sin lugar a dudas el intento fallido y criminal del ciudadano brasileño Fernando Sabak Montiel de 35 años va a tener derivaciones impensadas en el futuro de nuestra nación. Argentina tiene un presente demencial donde la cordura brilla por su ausencia y la locura, disfrazada de insensatez, se hace presente con un ímpetu inusitado. 

La sociedad ha quedado peligrosamente dividida en tres. Están los que creen firmemente que el intento de magnicidio fue real. Hay otros que piensan lo contrario, que se trató de una articulación destinada a tapar las causas judiciales y sus posibles consecuencias. Por último un sector muy importante, incrédulo de unos y otros, es indiferente a lo que pasa, solo interesados en las penurias de su metro cuadrado a consecuencia de los pésimos resultados del gobierno. Sin embargo todos comparten algo en común: el enojo. En una sociedad, donde la indignación se hizo carne en el ciudadano, el problema principal no es la política en sí misma, sino la “mala” política, en una calificación que alcanza a todo el arco dirigente, gobierno y oposición por igual. En su conjunto y sin excepciones, tienen responsabilidad en la calentura de una sociedad sitiada por los malos resultados de las administraciones que sucesivamente se han hecho cargo de los destinos de la nación. Acaso ¿es más importante la seguridad de Cristina que la del laburante que sale a trabajar a las 5 de la mañana? ¿Los muertos por inseguridad no merecen un feriado nacional y una sesión especial de la Cámara de Diputados y cientos de actos a lo largo del país? 

Nada justifica un acto de inseguridad, ni contra CFK ni contra nadie. Los hechos son los hechos y mientras no se demuestre lo contrario, existieron. Sí debemos señalar que desde el oficialismos se está haciendo un uso político de un suceso infame, espiralizando el clima de odio social. Públicamente se han expresado diversos dirigentes que, de manera irresponsable instigan el discurso del odio contra funcionarios judiciales, dirigentes opositores y periodistas. Incluso, en el acto partidario del viernes pasado la diatriba de Alejandra Darín estuvo en la misma línea que los discursos del oficialismo que se escucharon este sábado en la sesión especial de la Cámara de Diputados. Es momento de apretar el freno de manos porque hemos llegado al filo del abismo. De acá en adelante, cualquier cosa puede pasar. Incluso lo peor, con muertos incluidos. Nos hemos convertido además de una sociedad partida en tres, en un conjunto social “estresado”, impactando directamente en la posibilidad que se potencie la ira social y la violencia en las calles de desmadre. 

Las crisis tienen un tremendo efecto revelador. En nuestro caso marca la impotencia de la clase dirigente para discutir un proyecto de país de manera sensata y sin llegar a la locura de la exaltación de la violencia. La confrontación ideológica que padecemos actualmente es atroz. Nuestra dirigencia ha quedado marcada a fuego por el karma de la impotencia al develarse incapaz de contener los reclamos sociales, escondiéndose tras el discurso pueril de la grieta del odio. En ese contexto el ahora exaltado Alberto Fernández dispuso improvisadamente un feriado nacional. Un burdo aprovechamiento político de un hecho tan terrible como repudiable, en lugar de instar a la paz social y llamar a toda la dirigencia política al diálogo y el consenso. Una vez más nos demuestra que el traje de presidente le queda grande. El feriado nacional, las marchas, los señalamientos a dedo alzado de culpas incomprobables -con más olor a pase de factura que a realidad- son todos síntomas del extravío de los dirigentes que en lugar de bajar la temperatura, subieron la hornalla del fuego al máximo, en una actitud tan irresponsable como peligrosa. La muerte del Fiscal Nisman no tuvo ningún feriado nacional, cuando se atentó contra el presidente Raúl Alfonsín tampoco. ¿Pareciera que Cristina Fernández, para su feligresía, si es digna de uno? El uso político que está haciendo el Frente de Todos resultan tan reprochable, como efímero a largo plazo. 

¿Vuelve la Argentina violenta? La respuesta a este interrogante dependerá, y mucho, de la propia Cristina. Su actitud frente a lo sucedido marcará el clima de la sociedad. Es tiempo de pensar en el futuro de la nación y no en las próximas elecciones, y es la vicepresidenta la que hoy tiene la responsabilidad institucional de llevar templanza a los suyos, frente a la incapacidad demostrada no solo por Alberto Fernández, sino por el resto de los principales dirigentes, dada la forma en que se han expresado en las últimas horas, buscando culpables y responsables donde claramente no los hay. Cabe destacar la maniquea y peligrosa afirmación del Gobernador Kicillof: “No puedo dejar de asociarlo a lo que escuchamos de parte de un exponente del Poder Judicial que también busca correrla de la vida política prohibiéndole la participación como candidata”, en lo que constituye una afirmación tan torpe como falaz y peligrosa. Una absoluta irresponsabilidad de un funcionario aturdido por la insensatez y hundido en el pantano de su propia impericia. 

Desgraciadamente las horas que siguieron al intento de asesinato a la vicepresidenta, muchos dirigentes políticos, sindicales y referentes del Frente de Todos han azuzado equivocadamente el discurso del odio con fundamento en creencias tan irracionales como incomprobables. La confrontación ideológica como forma de hacer política barata de vodevil, es tanto como tirar nafta para apagar un incendio. La sobrerreacción de unos es tan lamentable como el hecho en sí mismo. La militancia que sobreactúa las consecuencias del atentado, casi apresurada por llegar a conclusiones arrebatadas por los propios ánimos, en nada ayuda a bajar la temperatura de la grieta del odio que tuvo -por ahora- su punto culminante en el lamentable ataque contra CFK. 

El feriado nacional, las marchas, las sesiones especiales en la Cámara de Diputados, los señalamientos a dedo alzado de culpas sin sustento, son todos síntomas del extravío del oficialismo, que busca tapar el sol con las manos, en lugar de trabajar para solucionar los problemas que por su impericia se agravaron en los más de dos años que llevan de gestión. La inestabilidad de la sociedad, debería ser un freno a la insensatez. Lamentablemente termina siendo un acelerador. A partir de este hecho, y por cómo se han comportado en los días posteriores, es de esperar una nueva batalla ideológica que terminará dividiendo a la sociedad aún más, al mismo tiempo que Cristina consolida definitivamente su liderazgo partidario de cara a 2023. La novedad es que esa consolidación terminará siendo producto de un hecho no querido y repudiable, pero usufructuado en términos políticos por el discurso de la victimización y del odio. Tan repudiable lo uno como lo otro. 

El intento de asesinato es, además, una clara demostración de que los dichos precipitados anteceden a los hechos desmedidos. Mucho se dijo en las últimas semanas sobre tirar “muertos” (el propio Máximo lo expresó a viva voz), con amenazas de todo tipo y color. La fragilidad de la sociedad, debería ser un freno a tanta locura. Lamentablemente termina siendo un acelerador que se intenta aprovechar con una clara finalidad política y cortoplacista. Nunca más vigente que hoy un pensamiento de Arturo Graf (poeta ateniense 1848-1913): “El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra”. Ambos conviven en la Argentina actual.

Últimas Publicaciones

27 septiembre 2022

 

Suscríbase a

nuestro newsletter

Suscríbase a

nuestro

newsletter